Las expectativas, el origen de tu frustración

Un tema bastante común en las personas que conozco, en mis clientes e incluso en mi misma es la frustración. A veces sentimos que no estamos donde deberíamos estar, que no logramos lo que nos proponemos, que siempre hacemos menos de lo que hemos definido o que las cosas no se dan como queríamos. Pero ¿de dónde viene toda esa frustración?

Esa pregunta me la hice a mi misma hace algún tiempo. Empecé a investigar y a observar el origen de mi frustración y la de los que me rodeaban y llegué a una conclusión: el origen de nuestra frustración son nuestras expectativas. Los seres humanos tendemos a especular o definir qué es lo que queremos que pase en determinados momentos de nuestras vidas; o si somos realistas, casi en todo momento. Queremos que nuestras vacaciones sean de determinada manera, que nuestros hijos o pareja se comporten de alguna forma, que nuestra carrera profesional tome tal rumbo, que nuestro salario sea equis cantidad etc.

Vamos por la vida moldeando lo que creemos que debe ser lo correcto, o descifrando qué es lo que debería suceder en un futuro. Desafortunadamente, los seres humanos no estamos hechos ni para adivinar el futuro ni para moldear las circunstancias. ¿Cómo puedo controlar que mis hijos estudien la carrera que yo quiero, que mi pareja actúe como a mi me gustaría o que la economía sea la indicada para que yo gane el salario que quiero ?

El problema no está en tener expectativas, es normal que todos queramos que las cosas sucedan de determinada manera. El problema real está en que volvemos esas expectativas como lo que tiene que ser. No la opción ideal ni lo que me gustaría; es lo que tiene que ser. Obviamente, al no ser las circunstancias tal cual lo que queríamos que fueran, terminamos frustrados y deprimidos, pensando que algo en nosotros está mal y que no fuimos lo suficiente como para hacer que sucedieran de esa manera. Tal vez el que estaba equivocado no eras tú, lo que estaba errado era la meta.

Entonces no es que no fueras suficiente, no es que no hubieses sido capaz de lograr algo, es que te tomaste demasiado en serio la meta y probablemente esa meta era irreal. Vuelvo y repito: no podemos pretender que los demás actúen como nosotros queremos o que todas las circunstancias del mundo se den como lo esperamos.

Para finalizar te invito a que trates de cambiar las expectativas por preferencias. Que cambies las palabras y con ellas la actitud. En vez de hacerte la idea de que algo tiene que pasar, podrías pensar que prefieres que eso pase. Es tu preferencia, es lo que te gustaría, pero no es lo que toca. Creo que es un primer paso para reducir la frustración que tanto nos persigue. Recuerda: las expectativas son la vía directa a la frustración.

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