La verdad acerca del perdón

Siempre me pareció interesante el tema del perdón. Me daba cuenta que era un tema usual entre las personas e incluso había varios autores escribiendo libros al respecto. Hay mucho material sobre el tema. He leído cosas muy interesantes, pero también algunas que en vez de fomentar el bienestar que trae el perdón, lo que hace es resaltar el rencor. Hoy quisiera contarles, muy brevemente, de qué se trata el perdón para mí.

Lo primero que quisiera mencionar es que he notado que muchas personas no están dispuestas a perdonar. ¿Por qué? Creen que al perdonar le están haciendo un favor a su “victimario” o que no perdonarlo es una forma de castigo para él. Ellos piensan que esa persona hizo algo tan terrible, que no merecerá ser perdonado nunca; o de pronto algún día, pero por ahora no. Es importante caer en cuenta que ese rencor en realidad no está siendo un castigo para la persona, o por lo menos no borrará lo que hizo. Al único que hace daño el rencor es a quien lo lleva adentro, a nadie mas. Entonces decidir perdonar no es por el otro sino por ti.

Ahora que decidiste perdonar ¿Cómo lo haces?. Un gran error es que vemos al perdón como una acción; la acción de perdonar. Las acciones (como por ejemplo bailar) se aprenden, se practican y se perfeccionan. Primero alguien me debe enseñar a bailar; al principio seré muy torpe, pero a medida que vaya practicando iré perfeccionando mi técnica hasta convertirme en bailarina profesional. ¿Pero podemos aprender a perdonar? ¿Alguien nos lo puede enseñar? ¿Podemos practicarlo, perfeccionarlo e incluso convertirnos en ‘perdonadores’ profesionales? Yo pensaría que no.

Para mí el perdón no es una acción. El perdón es un resultado. Es el resultado de desengancharme del pensamiento acerca de esa situación que me mortifica, el resultado de parar de pensar todos los días en esa persona, el resultado de dejar de darle vueltas a lo que me hizo una y otra vez y el resultado de dejar de darle significado e implicaciones a lo que pasó.

Solo deja de darle vueltas esos pensamientos. No te los compres, no les converses y quítales importancia. Al principio puede costar trabajo porque es un hábito que te has generado, pero cada vez será más fácil. Nota cata vez que llegue uno de esos pensamientos y trata de dejarlo pasar.

Poco a poco irás pensando cada vez menos en esa situación o en esa persona. Hasta pasarás días completos sin que se te pase por la cabeza; y cuando menos te des cuenta ¡Voila! ¡Has Perdonado! Sencillamente fue el resultado de parar de mortificarte.

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